Buenos días, 

Los seres humanos somos de costumbres y hábitos, ¿verdad?, inevitablemente hasta el que se revela más contra las mismas, suele sucumbir a éstas en nuestro día a día.  

Nos levantamos siempre más o menos a la misma hora, unos desayunaréis nada más levantaros, otros pasado un tiempo porque: “no os entra nada a primera hora de la mañana”, otros os ducháis por la mañana, mientras que otros preferís hacerlo por la noche, algunos hacéis deporte antes de ir a trabajar, otros sin embargo preferís hacerlo al terminar la jornada de trabajo para liberar tensiones 😉…….,  y así cada cuál con sus hábitos y costumbres.  

Y es que, nuestra función intestinal también es un “animal” de costumbres, las cuáles si se ven alteradas nos lo hace “pagar” haciendo que ir al baño se convierta en una odisea. Porque nuestro intestino, mejor dicho, nuestros nervios intestinales saben muy bien que comemos y a qué horas lo hacemos, sabe lo que nos movemos y la cantidad de agua que le proporcionamos. Y por si fuera poco, se orienta muy bien distinguiendo la noche del día, lo que hace que seamos más de ir al baño al levantarnos, después de comer, o por la tarde.  

Pues bien, si hablamos de estreñimiento podríamos englobarlo a groso modo en dos tipos: 

  • Estreñimiento ocasional: cuando nos vamos de viaje, estamos enfermos, o estresados, llevamos a cabo un cambio en nuestra alimentación, cambiamos horarios por el trabajo, etc… 
  • Estreñimiento crónico: Aquel que puede estar causado por otra enfermedad o alteración de base, y que hacen que acudir al baño sea toda una “odisea” y que en la mayoría de los casos si no es “de la mano” de ciertos productos no se consigue. 

¿Cómo identificar si soy estreñido/a? 

Antes de seguir debemos aclarar que se considera estreñimiento y para ello vamos a tener en cuenta además de la frecuencia de ir al baño, lo que nos cuesta ir al baño. Si se cumplen dos de estos requisitos, entonces estamos frente a un caso de estreñimiento: 

  • Si evacuamos menos de tres veces por semana 
  • Si una gran parte de las deposiciones son duras y pequeñas (bolitas) 
  • Si en el momento de evacuar tenemos que hacer un gran esfuerzo 
  • Si sólo logramos evacuar con ayuda 
  • Si sentimos que no hemos evacuado del todo 

Si se cumplen dos de los requisitos anteriores se podría decir que somos estreñidos. Ahora bien, habría que acudir a un especialista si desconocemos la causa del mismo para valorar. 

Si por el contrario, somos de los que acudimos siempre al baño de forma regular, pero ocasionalmente cuando nos vamos de viaje se rompe esa bendita rutina que nos ayuda a sentirnos tan “livianos/as” 😉, debemos actuar con cierta rapidez con algunos aliados que os enumero a continuación: 

  • Utilizar fibras alimentarias que ayuden a nuestro intestino a cumplir con su cometido 😉. Un ejemplo de ellas son las semillas de Plantago Ovata (Plantaben). Eso sí, su efecto suele ponerse de manifiesto pasados dos días, por lo que se recomienda que al primer día de ver que la cosa no va como debería ir 😉, debemos comenzar a tomarlo.  Ah! Muy importante, si os decantáis por ellas, debéis beber suficiente agua, de lo contrario no surtirán efecto.  
  • Uso de probióticos y prebióticos: Éstos pueden ayudar a nuestro intestino algo cansado a que vuelva a su actividad normal 😉.  
  • Practicar deporte: Sí, lo siento para los que no os guste el “movimiento” 😉, pero es imprescindible para que nuestro intestino no se vuelva “torpe” y “perezoso” que nos vamos realizando actividad física.  
  • Uso de Laxantes: En estos casos existen diferentes tipos y debemos reservar su uso solo a ocasiones excepcionales, para evitar sus indeseables efectos secundarios como son los gases, dolor abdominal, flatulencias…, entre otros. 

Hay que aclarar, para hacer un uso correcto de los laxantes, que debemos tener en cuenta que cuando vamos al baño, por norma general vaciamos la última porción de nuestro intestino grueso (éste posee tres porciones). Pero en el caso de recurrir a los laxantes, en muchas ocasiones podemos llegar a vaciar todo el intestino grueso, y para que éste vuelva a llenarse hacen falta aproximadamente tres días, tras los cuáles se volvería a producir la evacuación natural. Con esto quiero decir, que si tras la ingesta de un laxante, y su posterior evacuación, debemos tener paciencia y dejar esperar unos tres días, antes de poner el “grito en el cielo” o preocuparnos porque no hemos ido al baño al día siguiente 😉. Porque de nada o poco serviría tomarnos al día siguiente otra dosis de laxante. De hacerlo, le estaríamos haciendo un flaco favor a nuestro intestino, puesto que no estaríamos respetando su tiempo de llenado necesario para poder realizar una nueva evacuación de forma natural.  

¡Feliz día y Felices vacaciones!

Beatriz

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