Buenos días,

Muchas veces cuando me decís en la Farmacia, «espero no verte en un tiempo, porque eso querrá decir que tengo salud» ;), yo siempre os respondo: «Antonia, a la Farmacia se viene a muchas más cosas que a por medicamentos».

Que sí, que nuestra esencia es el MEDICAMENTO, de eso no cabe duda. Pero, el autocuidado, está presente en la Farmacia de forma global en esa dispensación y Consejo Farmacéutico que os transmitimos cada vez que acudís a ella, ya sea a por vuestro tratamiento crónico, agudo, o a por vuestro antioxidante, crema de noche, protector solar, o sérum.

Y de eso quería hablar yo hoy en este post, de esa parte de autocuidado que engloban todos los productos cosméticos de los que disponemos/disponéis en la Farmacia, y que tanto hacen por nuestro bienestar. Si, porque el bienestar de cada uno, es personal e intrasnferible, como el DNI ;). Cada uno se siente bien cuidándose una parte de si mismo. A unos/as nos preocupan mucho las manchas faciales, a otros la arruga del contorno de los ojos, a otras la flacidez, a otros la luminosidad en la piel…. Pero claro, como con los medicamentos, debemos tener en cuenta una serie de requisitos para hacer un uso correcto de los mismos. Más bien, yo diría que debemos tener claro que NO debemos hacer. Porque señores y señoras, la química está presente ;).

¿Qué errores son los más frecuentes a la hora de hacer uso de los cosméticos de venta en Farmacia?

Aquí vamos a destacar cuatro, por la frecuencia y osadía ;), con la que lo lleváis a cabo:

  • No seguir el modo de empleo que figura en el etiquetado.
  • Hacer caso omiso a las advertencias indicadas en el etiquetado.
  • Utilizar el producto para un fin distinto al previsto por el fabricante. No debemos jugar a químicos ;).
  • No respetar la fecha de duración mínima o el plazo de utilización del producto después de la apertura (PAO), indicado en meses o años dentro del siguiente símbolo. Y este sería el número uno. Aquí, uno piensa: «total por un poco más de tiempo del que indica, tampoco pasará nada».

¿Qué NO debemos hacer cuando hacemos uso de un producto cosmético?

  • Mezclar productos distintos cuando éstos no están destinados para tal fin. A veces, es frecuente escucharos decir: «Yo le pongo unas gotitas de este sérum a la crema y listo» ;). NO DEBEMOS hacerlo, porque la seguridad del producto que resulta de esa mezcla no puede asegurarse, y pueden llegar a provocarnos efectos no deseados. Un ejemplo claro, que en ocasiones pasa con la vitamina C o con el uso de los alfa hidroxiácidos (AHA). Muchas veces Se puede producir una reacción entre sus componentes. De ahí, la importancia de conocer la composición de cada uno de ellos.
  • Diluir el producto: Ayyyy…..cuidado aquí, que a veces, cuando se están acabando, con eso de que «nos da pena» que se termine, os aventuráis a diluirlos, añadiendo lo que «mejor os parece ;),(suele ser agua), para que suba otra vez el volumen, o para mejorar su fluidez porque lo veis o notáis muy espeso. Pero ojo aquí, porque ésta práctica (que en principio puede parecer inofensiva) puede contaminar microbiológicamente el producto y afectar negativamente al conservante al diluirlo. Además, también puede afectar a la eficacia, seguridad y a la estabilidad de la formulación. Por lo que cuidado con ésto, que luego vienen los «madres mías».
  • Trasvasar el producto a otro recipiente: Si, ese momento en el que nos vamos de viaje en avión, y claro, con eso de no poder llevar más de una cantidad en el equipaje de mano, decidimos hacer un pequeño, pero suficiente trasvase de producto cosmético (que es nuestro elixir y mayor tesoro ;)) para tener durante nuestra idílica estancia. Pero aquí, lo que no solemos tener en cuenta, es que se corren dos riesgos, el primero es que se pierden las garantías de información del fabricante como la lista de ingredientes, las advertencias, el modo de empleo y la trazabilidad. Además debido a la manipulación se incrementa el riesgo de contaminación microbiológica. Y lo peor de todo, es que al volver a casa, como nos ha sobrado un poco, y da pena tirarlo, volvemos a hacer otro trasvase a su envase original.
  • Rellenar dispensadores comunitarios no reutilizables: Aquí, además tirón de orejas para los compañeros que lo realizan sin reetiquetar de alguna forma esa pequeña muestra que se está dando. Porque esta práctica tiene los mismos riesgos que la de trasvasar un producto a otro recipiente, se pierden las garantías de información e identificación del producto que figuran en el etiquetado, de ahí que a veces vengáis a la Farmacia con un recipiente mini mini, y restos de una pequeña cantidad de producto diciéndonos: «Me dieron este contorno de ojos, y me ha encantado, me gustaría llevarme uno», donde poco podemos hacer. Además por supuesto de que entre trasvase y trasvase se aumenta el riesgo de contaminación.
  • Reutilizar los envases una vez acabado el producto, los envases deben ser eliminados, su reutilización no garantiza un uso seguro, pudiendo poner en riesgo la salud. Cuidado aquí, el ahorro y el «reciclaje» puede pasar factura a la salud de nuestra piel.
  • Conservar los productos inadecuadamente: Si, porque cuando te vas a esas playas paradisíacas, donde solo llevas en la maleta, biquinis, bañadores, y vestiditos o bermudas. No debemos olvidar, que hay que extremar las precauciones ante la exposición a temperaturas extremas o a la luz solar directa. Y asegurarnos que cerramos cada envase, como es debido, para evitar que puede afectar tanto a la estabilidad como a la seguridad del producto. Además, de no encontrarnos el neceser o maleta de viaje llena de vitamina C o de protector solar, ¿por qué es en lo que estáis pensando llevaros si vais de viaje a un lugar soleado, verdad? ;).
  • Compartir productos cosméticos que pueden estar en contacto con fluidos orgánicos y mucosas, como lápices de ojos o barras de labios: No puedo dejar de imaginar esa escena digna de «la vecina rubia» donde en el baño de la discoteca, pub o restaurante, ocurre lo siguiente:
    • Amiga 1: «Ayyy. se me ha vuelto a olvidar la barra de labios?, AMiga 2: «Tranquila, usa la mía, mira, me la compré el otro día, y el color es ideal».
    • Ojo aquí con estas prácticas, este puede ser el origen de la trasmisión de enfermedades infecciosas como, por ejemplo, conjuntivitis o herpes.
  • Utilizar el producto con las manos sucias. Si, ese tarro de labial, ese tarro de crema de noche o de día. Por favor, aquí higiene en las manos, y por supuesto en la cara ;). Especialmente cuando el envase permite el contacto directo, como es el caso de los tarros, ya que se incrementa el riesgo de contaminación microbiana del producto.

¿Cómo hacer un uso correcto de los cosméticos?

  • Leer el etiquetado, sí, como si de unas instrucciones se tratara. Y sobre todo, tener en cuenta las precauciones que se deben tener en su uso.
  • Conservar los productos adecuadamente. Especialmente evitar someterlos a temperaturas extremas o a la luz solar directa.
  • Lavarse la cara es muy importante, pero las manos más. Asique todo el mundo a lavarse las manos, antes de aplicar un producto.
  • No utilizar el producto para un fin distinto al previsto por el fabricante. Ojo aquí, con esos usos recomendados por «la vecina del quinto», o por nuestra amiga del alma.
  • Respetar la fecha de duración mínima o plazo después de la apertura: indicado en meses o años dentro de este símbolo. Lo que comentábamos del símbolo PAO. Las cosas duran lo que duran.
  • Nada de trasvases.
  • El mayor acto de generosidad, en este caso, es el de «No compartir» productos que puedan estar en contacto con fluidos orgánicos o mucosas, como lápices labiales o de ojos.
  • No jugar a químicos, ni farmacéuticos por favor. No mezclar productos distintos ni agregarles ninguna sustancia adicional a no ser que así, lo indique el fabricante.
  • Si vemos que una crema, gel, champú ha cambiado de color, textura y olor, debemos TIRARLOS, que no os de «pena», que penas son otras ;).

Y sin más, confío en vosotros y en vuestras buenas prácticas con el uso de los cosméticos.

Fuentes: AEMPS: buenas prácticas uso de los cosméticos.

Feliz día!

Beatriz

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