Buenos días,

Lo de la acidez, es un tema «ardiente» ;), y nunca mejor dicho. A veces, llegáis y nos comentáis en el mostrador: «dame algo, que estoy que ardo» ;), y no precisamente en el buen sentido de la palabra. Esa sensación de «quemazón», ardor, calor, en la zona del esternón, que se irradia hasta la garganta (generalmente se origina en el esófago)  y que puede llegar a ser hasta dolorosa.

Todos o casi todos la hemos sufrido alguna vez. Técnicamente, se le llama pirosis, y cuando esta sensación es ocasional (que puede durar desde unos minutos a varias horas), el problema no va más allá y con un antiácido podemos tratar esa sintomatología. Otra cosa es, cuando esta desagradable sensación se instala en nuestro organismo. Ahí, la cosa se pone seria. Y digo seria, porque en este caso, estaríamos hablando de la enfermedad por reflujo gastroesofágico, popularmente conocida con las siglas ERGE.

Y antes de entrar en materia, que menos que presentar de forma muy breve la acidez gástrica. Normalmente, cuando comemos, los alimentos, ya sean en su estado sólido o líquido entran en nuestro querido y afanoso estómago, donde un importante músculo que se encuentra al final del esófago los deja ahí «encerrados». A este músculo se les denomina esfínter esofágico inferior (EEI) y es la «puerta» que al abrirse permite la entrada de los alimentos a nuestro estómago, impiendo cuando se cierra, que éstos salgan de él. Peeero, ¿qué pasa, si este músculo no se cierra del todo bien porque se relaja en su función ;)?, pues lo que pasa cuando se deja una puerta entreabierta ;), que nos entra de todo, sobre todo el frío ;). Pues eso mismo ocurre, cuando el EEI no se cierra bien,, que los contenidos de nuestro estómago, pueden ser devueltos (reflujo) al esófago. Y claro, eso no es agradable, en especial, porque el ácido que contienen al provenir de nuestro estómago, nos hace pasar más de un mal rato. Hecho que puede irritar el esófago, causando acidez y otros síntomas.

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¿Qué podemos hacer cuando la acidez gástrica «llama a nuestra puerta» ? ;).

Lo primero de todo, y si sabemos que tenemos tendencia a padecerla, es ir por el camino más corto, que es LA PREVENCIÓN. Para lo cual, adoptando algunas medidas dietético-nutricionales la cosa puede mejorar sobremanera. Entre esas medidas no farmacológicas están:

  • Evitar las comidas con alto contenido en grasas
  • Evitar las comidos muy copiosas. Comer menos y más veces
  • Respetar el horario de las comidas, evitando el ayuno prolongado.
  • Evitar las comidas muy condimentadas (especias, picantes, salsas, vinagretas…)
  • Comer despacio, sentado y masticando bien los alimentos. Parece una obviedad, pero hoy en día, NO COMEMOS, hacemos algo parecido ;).
  • Evitar tumbarse justo después de una ingesta.
  • Evitar las temperaturas muy extremas en las bebidas y las comidas.
  • Evitar el chocolate.
  • Aumentar el consumo diario de verdura.
  • Evitar el alcohol y el tabaco
  • Llevar ropa holgada, cómoda. Evitar los cinturones.
  • ………

Pero, diréis, ya Bea, pero a veces nos gusta darnos algún que otro «homenaje» gastronómico, (a una servidora también, ¡eh!), y aún sabiendo que podemos acabar con esa dichosa acidez gástrica, nos «liamos la manta a la cabeza» y que venga lo que tenga que venir ;).

Bueno, pues como existen soluciones para todo o casi todo. Aquí los antiácidos, (recordad que estamos hablando de la acidez gástrica que nos sobreviene de manera puntual y no de la crónica, que es el ERGE), son nuestros grandes aliados. Y unos imprescindibles más a tener en el botiquín de casa o en el bolso/bolsillo de nuestro pantalón.

¿Qué tipo de antiácidos tenemos?, ¡ojo!, no debemos confundirlos con los antihistamínicos H2 (ranitidina, famotidina, cimetidina….) ni con los inhibidores de la bomba de protones (el afamado omeprazol, lansoprazol, pantoprazol, esomeprazol, etc..). Aquí vamos a hablar sólo de los antiácidos.

Los antiácidos incluyen un amplio grupo de compuestos inorgánicos cuya caraterística común, y la base de su acción terapéutica, es nada más y nada menos, que la de neutralizar el ácido clorhídrico tras reaccionar con él en la luz gástrica. Desde un punto de vista químico, se distinguen dos grandes grupos de antiácidos: los óxidos e hidróxidos de metales di-trivalentes (magnesio y aluminio en especial) y las sales de ciertos cationes comunes. Los más populares son:

  • Bicarbonato sódico: Conocido por todos y todas. Es el antiácido cuyo uso está más popularizado, especialmente entre los más mayores. Porque no me diréis que vuestra abuela, suegra, madre, no os ha dicho nunca lo de: «con bicarbonato se va» ;). Se trata de una sal, de un ácido débil (ácido carbónico) y una base fuerte (hidróxido sódico). Es muy soluble y reacciona de forma inmediata con el ácido clorhídrico, lo que justifica su intenso y rápido poder neutralizante, aunque el pero que tiene, es que su acción es muy fugaz, y se debe administrar a dosis elevadas y en repetidas ocasiones. Bueno, hay otro pero, y es que puede producir hipernatremia y gases.
  • Hidróxido de aluminio (gelodrox suspensión): Es el único antiácido trivalente. Es insoluble en agua. Puede causar estreñimiento, porque relaja la musculatura del tubo digestivo, además de ejercer una acción astringente sobre las proteínas del bolo alimenticio..
  • Hidróxido de magnesio: Es el más rápido de los compuestos no absorbibles, pero su potencia antiácida es moderada. El óxido de magnesio se convierte en hidróxido dentro del estómago. Hay que llevar cuidado con su ingesta, porque casi un 15% del magnesio ingerido como antiácido se absorbe, y al ser excretado por el riñón, su acumulación puede causas graves trastornos en pacientes que tengáis insuficiencia renal. Además, al hidróxido de sodio, aunque muchos de vosotros no lo sepáis, tiene una moderada acción laxante, especialmente cuando se abusa de él. Esta actividad es debida al efecto osmótico de las sales de magnesio y a una posible acción liberadora de colecistoquinina (hormona secretada por las células del yeyuno y de la mucosa duodenal).
  • Por último comentaros el magaldrato, que es un sulfato magnésico-alumínico, y su «primo» el almagato, que es un hidróxido doble magnésico-alumínico. Lo sé, vaya «tela» los nombres, pero que sepáis que es el que más conocéis y usáis, y si os digo ALMAX, seguro que se os acaba de «aprecer la Virgen» ;). Su uso es seguro, aunque está contraindicado en caso de padecer hemorroides, diarrea, edema, entre otros casos.

Y pasando al meollo de la cuestión, ¿cómo debo tomarme el antiácido?

Por norma general, para que los antiácidos puedan ejercer su acción, se requiere de la presencia de éstos permanente en el estómago, de ahí que su efecto en una única dosis sea vista y no vista, bueno, esto dependerá de nuestra velocidad de vaciado gástrico. Pero como os decía, si se toman en ayunas, el efecto dura una escasa media hora y administrados UNA HORA después de las comidas, el efecto dura hasta 4 horas.

Ahora bien, por sus características farmacocinéticas, siempre debemos dejar pasar un par de horas desde la ingesta de nuestra medicación habitual y el antiácido en caso de necesitar hacer uso del mismo. Y os recuerdo, que hablamos de acidez puntual, cuando ésta es crónica, el tratamiento de los síntomas se lleva a cabo con otros fármacos.

 

Fuentes: Farmacología humana. Jesús Flórez. (4ª edición).

             Fisiopatología humana Fox. Séptima edición.

             AEMPS

Medline Plus

 

¡Feliz día!

Beatriz

 

 

 

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