“La parte nunca puede estar bien al menos que el todo este bien”.-Platón. 

Hoy empiezo el post con esta frase, y tras leerlo entenderéis el por qué……

Desde hace un tiempo he observado que cada vez acudís más a la farmacia pidiendo algo para ayudaros a estar  más relajados, ya sea porque tenéis que enfretaros a una situación que os causa estrés de manera puntual (oposiciones, ponencias, entrevistas…) o porque me comentáis que “no llegáis a tiempo a todo”. Es por eso que hoy quería que hablásemos del silencioso y temido estrés y como éste afecta a nuestra salud.

Lo primero que tenemos que saber, es la definición de estrés, para poder identificarlo y no confundirlo con otros estados como la ansiedad. Pues bien, el estrés es un sentimiento de tensión física o emocional. Puede provenir de cualquier situación o pensamiento que nos haga sentir frustrados, furiosos o nerviosos.

Es la reacción del cuerpo a un desafío (hoy en día nos enfretamos a diario a situaciones desafiantes) y es que en pequeños episodios, el estrés puede ser positivo y un aliado, como cuando te ayuda a evitar el peligro o cumplir con una fecha límite. Pero cuando el estrés dura mucho tiempo, PELIGRO!!!

Estrés y ansiedad

¿Cuál padeces, estrés “bueno” ó “malo”?

Lee con atención e identifica cuál de ellos sufres, porque hay dos tipos principales de estrés:

Estrés agudo. Este es estrés a corto plazo que desaparece rápidamente. Puedes sentirlo cuando presionas los frenos, peleas con tu pareja o esquías en una pendiente. Este tipo de estrés es el “bueno” porque te ayuda a controlar las situaciones peligrosas. También ocurre cuando haces algo nuevo o emocionante. Todas las personas sentimos estrés agudo en algún momento u otro.

Estrés crónico. Ojo!!, este es el estrés “malo” que dura por un período de tiempo prolongado.  Cualquier tipo de estrés que continua durante semanas o meses es estrés crónico. Puedes acostumbrarte tanto al estrés crónico, que no te das cuenta que es un problema. Si no encuentras maneras de controlar el estrés, este podría causar problemas de salud

¿Cómo responde mi cuerpo al estrés?

  1. Se activa la hormona del estrés. Se produce una liberación de cortisol en grandes cantidades, lo que hace que la memoria pueda quedar afectada si dichas cantidades son excesivas.
  2. Se produce un aceleración del latido cardiaco. El pulso y la tensión aumentan, y los pulmones se hiperventilan. Se produce un aumento de la sudoración y se produce la llamada “piel de gallina”.
  3. Luchar o huir. Los sentidos se hiperactivan y buscan un estímulo que les ayude a identificar el peligro. A la vez, los músculos reciben disparos de adrenalina para preparar al cuerpo para una posible reacción de lucha o huída.
  4. Se inhibe la disgestión, ya que los recursos que tenemos en el organismo se centran en identificar el peligro y prepararse para la acción. Para ello se reducen otras funciones no imprescindibles, ahorrando recursos que, en ocasiones, provocan escapes de orina o vómitos.
  5. Cuando tienes estrés crónico, tu cuerpo se mantiene alerta incluso cuando no hay peligro. Con el tiempo, esto te pone en riesgo de sufrir alguna de las siguientes patologías:
    1. Presión arterial alta
    2. Insuficiencia cardíaca
    3. Diabetes
    4. Obesidad
    5. Depresión o ansiedad
    6. Problemas de la piel, como acné o eczema (picores en la piel)
    7. Problemas menstruales en las mujeres. 
    8. Y si ya padeces alguna de ellas, podría agravarlas.                                                                                              Escucha a tu cuerpo…..
  6. Comentaros, que el estrés puede causar muchos tipos de síntomas físicos y emocionales. Algunas veces posiblemente no te darás cuenta de que estos síntomas son ocasionados por el estrés. Aquí tenéis algunos signos más específicos que os pueden ayudar a detectar si el estrés te puede estar afectando:
    1. Diarrea o estreñimiento
    2. Mala memoria
    3. Dolores y achaques frecuentes
    4. Dolores de cabeza
    5. Falta de energía o concentración
    6. Problemas sexuales
    7. Cuello o mandíbula rígidos
    8. Cansancio
    9. Problemas para dormir o dormir demasiado
    10. Malestar de estómago
    11. Uso de alcohol o drogas para relajarse
    12. Pérdida o aumento de peso

Gestionar el estrés…..

Quién no ha oído decir a alguien en alguna ocasión que “este o aquel disgusto le han envejecido 10 años”; pues bien, detrás de esta socorrida frase se encuentra una compleja realidad.

Y es que, no hace falta tener conocimientos científicos o médicos para comprender que el estrés continuado genera inmunosupresión y como hemos visto es el caldo de cultivo para el desarrollo de numerosas enfermedades complejas y degenerativas, y todo ello, claro está acelerando el proceso de envejecimiento.

Por lo tanto, ahora que está tan de moda las terapias antiaging, que no os la cuelen, y en todas estas terapias que veáis en las que no se incluya una buena gestión del estrés, en parte “nos están engañando”.

¡¡¡Nunca olvidéis que la mayor riqueza es la Salud!!!

Feliz día!

Beatriz

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