Buenos días,

Alguna vez, ha pasado por la farmacia alguna madre muy preocupada porque ha encontrado en el pantalón de su hij@ algo así, como un “porro”, ;). Esta situación, aunque no suele ser habitual que se comente en la Farmacia, no se puede dejar de lado, porque el consumo de Cannabis está y seguirá estando entre los más jóvenes y los no tan jóvenes. Y si bien, hay adeptos y adeptas a él, en este post, tan sólo quiero plasmar algunos aspectos químicos y fisiológicos que esta sustancia ejerce en nuestro cuerpo al consumirla.

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El uso de derivados de la planta del cáñamo (Cannabis sativa, en sus variedades india y americana) como sustancias embriagantes, no es una moda del siglo XXI, sino que se remonta a la antigüedad. En los últimos años, su consumo se ha disparado (y mucho me temo que lo seguirá haciendo). La planta, sintetiza gran cantidad de productos químicos, de los que más de 60 son cannabinoides. El delta-9-tetrahicrocannabinol es el responsable de la mayoría de los efectos psicoactivos, principal motivo por el que se consume dicha planta. Los efectos de estos compuestos están entre los depresores y los alucinógenos, dependiendo de la dosis que se consuma.

Por lo tanto, mucho respeto a estas sustancias.

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Lo normal, es escuchar, ver o conocer el consumo de esta sustancia como, “me he fumado un porrito”. Pero no es la única vía, también se puede consumir vía oral, mezclados con té, sopas, pasteles o cualquier otra comida que se os ocurra.

¿Qué diferencia hay entre Hachís y Marihuana?

La preparación cannabica más popular es el hachís, que se trata de un exudado resinoso de la planta presentado en pastillas de consistencia pétrea, que se consume deshecho al calor y mezclado con tabaco rubio, es decir, el FAMOSO PORRO que todos hemos oído alguna vez.

Por otro lado, está La marihuana que es una preparación triturada y seca de las flores, hojas y pequeños tallos de la planta, que se fuma directamente en forma de cigarrillos.

¿Cuánto tarda en hacer su efecto desde que se consume?

Las propiedades farmacológicas de los derivados cannábicos están determinadas por la distinta proporción de cannabinoides en las preparaciones, siendo generalmente más concentrado el hachís que la marihuana. Tras inhalar el humo de un cigarrillo de hachís o de marihuana, los efectos son inmediatos, tiene su máximo a los 20-30 minutos y pueden durar unas 2-3 horas. Por vía oral, los efectos son más diferidos, más prolongados y menos intensos (en parte, por un fenómeno de pirmer paso), siendo cualitativamente diferentes.

¿Qué pasa ante una Intoxicación por cannabis?

Los efectos del cannabis no dependen sólo de la dosis o vía de administración, sino, que es algo más complejo, que abarca también la personalidad, expectativas y experiencia del consumidor, así como las circunstancias del consumo, ejercen una notable influencia en la intensidad y calidad de los efectos percibidos. Por norma general, una dosis produce efectos que están a medio camino entre los del alcohol y los de una sustancia alucinógena.

El consumo de cannabis, produce un estado de relajación y bienestar eufórico (“ir colgado o pasado”). Cuando es consumido de forma solitaria predominan los efectos depresores como la apatía y la somnolencia; pero, en un ambiente social apropiado, se manifiesta más un efecto eufórico algo exagerado. Además la persona que lo consume sufre cambios en la percepción subjetiva del tiempo, que parece transcurrir lentamente, y en lo que percibe visulamente. Y no nos podemos olvidar de que se ve aumentada la capacidad sensorial. Incluso en ocasiones se producen alucinaciones auditivas, visuales o táctiles, en las que el juicio de la realidad se mantiene intacto.

Aparecen también trastornos en la capacidad de concentración y la memoria inmediata. Los efectos agudos se diferencian de los de una “borrachera alcohólica” en los cambios que aparecen sobre la percepción, pero al final la intoxicación termina con sedación, letargia y somnolencia.

Por otro lado el consumo de cannabis aumenta el apetito y altera la coordinación motora. También producen taquicardia y dilatación de los vasos conjuntivales y esclerales, ocasionando la característica inyeccion conjuntival. A veces, se observa sequedad en la boca e inhibición de la sudoración.

No se han descrito muertes atribuidas a una sobredosis de cannabis. Sin embargo, al producir somnolencia y falta de coordinación motora, su consumo puede alterar la conducción; además, cuando el consumo de cannabis se asocia al alcohol, se intensifican esos síntomas.

Existen estudios que indican que aproximadamente el 50% de las personas que consumen cannabis han sufrido algún episodio de ansiedad o crisis de pánico. Estas reacciones suelen ser más frecuentes cuando se consume vía oral y en aquellas personas que no son consumidores habituales. Además, hay que tomarse el tema muy en serio, porque su consumo puede acabar en el desarrollo de una psicosis aguda tóxica inducida por el cannabis, que cursa con alucinaciones paranoides, que si bien es cierto, desaparece al cado de unos días de cesar el consumo, sus consecuencias pueden ser fatales. De hecho en las personas enfermas de esquizofrenia, el consumo de derivados del cannabis puede dar lugar a recaídas.

Por último, comentar, lo que es una evidencia. Aparte de la psiquiátrica, la principal toxicidad crónica del cannabis es la respiratoria; hay una mayor frecuencia de bronquitis, asma y enfisema. Además a la toxicidad del humo del cannabis (las inspiraciones suelen ser más profundas y prolongadas) se suma la del tabaco. Su consumo durante el embarazo aumenta el riesgo de dar a luz niños con bajo peso, incluso puede aumentar el riesgo de parto prematuro.

 

Feliz día!

 

Beatriz

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